La plaza de los Bandos

El mes de febrero lo comenzamos los salmantinos con la buena noticia de que ¡al fin! el ayuntamiento renunciaba a su obstinada intención de agujerear nuestra plaza de los Bandos para construir un aparcamiento subterráneo.
 
La Plaza de los Bandos ha sobrevivido a la amenaza del parking con algún árbol desaparecido, la vegetación misteriosamente algo menos espectacular, cierto descuido en el estado de algunas de las barandillas que perfilan los jardines, y una fea pavimentación en las zonas que hicieron picadillo para practicar las catas arqueológicas.
 
El bajón de aspecto que ha pegado nuestra plaza de los Bandos estará o no relacionado con el proyecto del parking (no es cuestión ahora ya de desarrollar teorías más o menos conspiranoicas: que si el árbol que se taló estaba verde, que si estaba seco…), pero el hecho es que cuando yo era pequeña y a la salida del colegio me iba a los Bandos con el bocata de la merienda a jugar, el cedro no tenía ni mucho menos el aspecto tirando a raquítico que el pobre luce ahora. Que da la impresión de que estuviera más desinflado que el racimo de globos descoloridos que lleva años enganchado en una de sus ramas. No se sabe quién tiene un aspecto más triste, si el cedro o los globos. Cada vez que paso por la plaza de los Bandos no puedo evitar pensar: algo le pasa a mi cedro; ojala me equivoque.
Ahora que el ayuntamiento (UNESCO mediante) se ha dado por fin cuenta de que no tiene mucho sentido agujerear una plaza muy querida por los salmantinos para atraer montones de coches al centro histórico de la ciudad, estaría bien que mimaran un poco la plaza de los Bandos. Porque esta plaza respira historia salmantina por sus cuatro costados.
 
En el espacio que ahora ocupan los jardines, se levantó en 1126 la parroquia de santo Tomé de los caballeros. La placita alrededor de la parroquia comenzó a llamarse plaza de santo Tomé.

plazuela de los bandos

Alrededor de la parroquia, la nobleza salmantina empezó a construir algunas de sus casas. Todos ellos formaron el bando de santo Tomé, que se enfrentaba al bando de san Benito, en la lucha de bandos que da nombre a la plazuela.
 
De aquellas casas nobiliarias del bando de santo Tomé hoy se conserva la fachada de la casa de la célebre doña maría la Brava, parte de la fachada del Palacio de los vizcondes de Garcigrande (actual edificio de cada Duero, o caja España o como quiera que se llame ahora), una ventana de lo que fue el Palacio de Solis (esquina a la calle concejo).
 
casa doña maria la brava iglesia del carmen

 
La plazuela de los Bandos, entonces plaza de santo Tomé, fue testigo en noviembre de 1543 de las celebraciones por las bodas de Felipe II (por aquel entonces príncipe de Asturias) con doña María Manuela de Portugal. Se alojaron en el palacio de Solís.

maria_manuela_de_portugal11           Felipeii-imperioespanol
 
Los contrayentes tenían apenas 17 años. La fiesta duró varios días durante los cuales los nobles celebraron justas, torneos a caballo, en la plazuela de los Bandos. También hubo lanzamiento de fuegos y cohetes que sobrevolaron la plazuela y resonaron por toda la ciudad. Y el interior del palacio de Solís acogió las diversas fiestas a las que acudía la nobleza salmantina a mover el esqueleto con los jóvenes y principescos esposos. Se rumorea que el día que la joven María Manuela de Portugal llegó a Salamanca, el no menos joven príncipe Felipe acudió a recibirla ¡disfrazado! y parece que así anduvo por Salamanca todo el día. (¡Anda que no daría vidilla la boda de los príncipes al chismorreo charro de la época!).
 
Unos años después, en 1581, los Carmelitas Descalzos trasladaron su convento a la plazuela de los Bandos, comprando algunas de las casas nobiliarias edificadas junto a la plazuela. De este convento, que se llamó de san Elías, nos ha quedado la iglesia del Carmen y la plazuela de la Libertad que fue la huerta del convento.
 
Hasta que se edificó la Plaza Mayor, la plazuela de los Bandos fue la plaza principal donde tenían lugar las ceremonias oficiales.
 
La parroquia de santo Tomé fue derruida por su mal estado en 1855, y se trasladó la parroquia a la vecina iglesia del Carmen, que entonces no se llamaba así sino que mantuvo el nombre de parroquia de santo Tomé en homenaje a la desaparecida.
 
Treinta años después estalló en los periódicos salmantinos una polémica a cuenta del nombre de la iglesia. Se quería cambiar la denominación “parroquia de santo Tomé” por la de “iglesia del Carmen”. Cambio que por mucho que se quejaran entonces sus detractores al final se realizó, y de la parroquia de santo Tomé ya no quedó más resto que los arqueológicos que pueda haber bajo la plazuela.  
 
Por cierto, qué raro que los resultados de las catas que se hicieron en los Bandos de cara a la construcción del parking no hallaran el menor resto de la parroquia de santo Tomé. ¡Cómo derruirían en 1855 la parroquia para no dejar ni huella de los cimientos!... Tampoco encontraron ni rastro de la Vía de la plata que transcurre bajo la plazuela.
 
plaza de los bandos fuente

 
Pero volviendo al siglo XIX, el arbolado de la plazuela se plantó en 1868. En 1866 se colocó en el centro la fuente, que enseguida se notó que tenía cierta vocación de salir en los papeles. En La Provincia, Revista Salmantina de 1891, se da cuenta del siguiente episodio:
 
Esta mañana promovieron un fuerte escándalo en el caño de santo Tomé, dos mujeres por si una de ellas había de poner el cántaro antes que la otra.
 
Unos cuantos años más tarde, será Carmen Martín Gaite quien haga aparecer la fuente de la plazuela, y la plazuela misma, en otros papeles, en los suyos, en varios de sus escritos.
 
Gaite en plazuela bandos
 
Carmen Martín Gaite nació en el número 3 de la plazuela de los Bandos. Una casa derribada en los años 60 para construir las oficinas de la entonces Caja de Ahorros. Una pena que se derribara, porque si se hubiera conservado existiría el mejor emplazamiento para ubicar una casa museo de la escritora.
 
A principios del siglo XX, en 1912, la plazuela de los Bandos se llevó su primer gran susto. El segundo no vendría hasta finales del siglo XX de la mano de Julián Lanzarote y el parkíng subterráneo. Pero volvamos al primer susto. En 1912 el ayuntamiento quiere construir una casa de socorro nueva, y deciden como emplazamiento ideal la plazuela de los Bandos. Quieren quitar la fuente y levantar el edificio en el centro de la plazuela. Las obras de construcción se presupuestan en 60000 pesetas.
 
Surgen las primeras disensiones en el seno de la propia corporación. Se alzan las voces contrarias al proyecto: significaría destruir los jardines y afear el sabor histórico de la plazuela. Al final, se decide no tocar la plazuela de los Bandos por ser Salamanca “una ciudad muy bien visitable y hay necesidad de conservar su pátina artística e histórica”. Decisión que tomó libremente la corporación, sin una UNESCO por el medio que les diera capones; eran otros tiempos, y otros políticos.
 
La plaza de los Bandos ha sobrevivido, que sepamos, a dos intentos de desmantelamiento. Ya que ha llegado hasta aquí, cargada de Historia e historias de todos, esforcémonos por conservarla para que las generaciones futuras puedan continuar disfrutándola y escribiendo su historia.

BIBLIOGRAFIA
Licencia Creative Commons Este obra de Laura Rivas Arranz está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.  

Comentarios

  1. Me alegro mucho de que al Ayuntamiento se le haya pasado la obsesión del parking, aunque más bien creo que era cosa de Lanzarote. En fin, genial artículo, lleno de información interesante.

    Un beso shakiano!!

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola Shaka! ¡Qué bien verte otra vez por aquí!

    Creo que tienes toda la razón y lo del parking fue una cabezonada personal de Lanzarote. Pero lo triste es que hace un siglo, la corporación tuviera un talante mucho más democrático que en la actualidad que tanto hablan y hablan de democracia. Porque con Lanzarote de alcalde no se manifestó la menor disensión por parte de los políticos de su cuerda a la decisión del parking, y los que disentían era la oposición que disiente por definitión a las decisiones de la alcaldía. Y es que da la impresión de que los políticos actuales están más preocupados de su politiqueo interno que del bienestar de la ciudad.

    Gracias por lo que dices en tu comentario y ¡mil gracias por comentar!

    Otro beso para ti.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario