La Torre del Aire


Corre la primera mitad del siglo XV. La nobleza tiene a Salamanca dividida en bandos. El de santo Tomé y el de San Benito. Los desencuentros políticos y territoriales entre nobles desembocan en venganzas y odios a muerte. El asesinato próximo de los dos hijos de doña María la Brava recrudecerá un conflicto que se arrastra desde hace años.

En este clima guerrero, los Castillos, señores de santa María del campo de Fermoselle, construyen su palacio en la plaza de santa Eulalia. Así, envuelta en vientos de guerra, se levanta la torre del Aire.

Villar y Macías fecha la construcción en 1440. Un edificio —dicen que enorme a juzgar por lo que hoy conocemos— fortificado, a salvo de las emboscadas y vendettas que pudieran urdirse en el bando enemigo.

De aquella gran construcción nos queda poco más que la Torre del Aire. El resto está alterado con modernizaciones. 

Antes de que el término “Torre del aire” se impusiera, el edificio era conocido como palacio de Fermoselle pero sobre todo como palacio de las Cuatro Torres.



Porque el palacio tuvo tres torres más como la del Aire. Eso piensa un grupo de historiadores. Otros opinan que nunca hubo cuatro torres y que el nombre procede de uno de los propietarios posteriores del palacio: el barón de las Cuatro Torres.

Villar y Macías es historiador del primer grupo. Afirma que las tres torres que no conocemos existieron hasta el último tercio del siglo XVIII, y fueron demolidas por amenazar ruina.

El arquitecto Jose Picon, que a mediados del XIX formó parte de una expedición artística con destino a Salamanca, es autor de unas Crónicas históricas de los principales monumentos de Salamanca, publicadas en el periódico madrileño El Heraldo. Afirma que tres de las cuatro torres fueron derribadas a mediados del siglo XVIII. 

Ángel de Apraiz, en su estudio La casa y la vida en la antigua Salamanca asegura:
La casa de las Cuatro Torres que sin duda las tuvo para defender sus cuatro ángulos.
Tiene sentido pensar que una construcción que nació fortificada, en tiempos nada pacíficos, tuviera torres vigías en todos sus ángulos.



Del arquitecto Jose Picon sabemos que cita al principio de sus estudios salmantinos las fuentes en las que se basa:
En la biblioteca de la Universidad de Salamanca están los libros y manuscritos que me han suministrado curiosos datos. Ponz, el P. Dorado y Gil Gonzalez Davila, son los autores que trataron de aquella ciudad. Las principales noticias, muchas inédita y reunidas con no escaso trabajo se las debo al Sr. D. Vicente de Lafuente, catedrático de canones de las misma universidad
De Villar y Macías sabemos que era metódico y exigente con su trabajo. Tanto, que terminó sus días arrojándose al fondo del Tormes por una inexactitud en sus estudios

De lo anterior se deduce que tanto Villar y Macías como José Picón son investigadores rigurosos. No tiene el menor sentido pensar que uno y otro se hayan sacado de la manga una fecha en la que tres torres inventadas fueron derruidas. 

Que uno de los sucesivos propietarios de la casa se llamara de las cuatro torres no impide en absoluto que la construcción tuviera cuatro torres.  

Por todo ello, no encuentro motivo para que al mirar la torre del Aire no podamos imaginar un impresionante caserón solariego con cuatro altísimas torres del aire

Angel de Apraíz describe así el interior de las construcciones salmantinas que se erigían contra los rigores sangrientos de la lucha de bandos:
En el interior de tales edificios, junto a las ventanas de ajimez, bellamente decoradas por fuera, un banco de piedra a cada lado permitía gozar de la alegría de la luz. Aparte de esto, más debían esperarse de la calle causas de dolor, como lo indica la disposición defensiva del interior de las torres y las saeteras que en ellas se alzan, los parapetos que las coronaban y tras de los cuales vigilarían los escuderos y hombres de guerra.

La escritora salmantina Matilde Cherner, en una nota a pié de página de su relato La torre del Clavel, nos desvela una curiosidad del interior de la Torre del Aire:
Este palacio existe aún con el mismo nombre de las Cuatro Torres, por más que sólo conserve una, en la que, desde tiempo inmemorial, se ponía, cuando había tempestad, una especie de para-rayos, consistente en una cadena de hierro cuyo cabo interior caía a un pozo. El palacio forma un coto redondo, y aún cuando ha perdido parte de sus defensas y se han edificado casas en uno de sus costados, todavía conserva su aspecto feudal y su posición de fortaleza.
En el palacio de las Cuatro Torres, cuenta Matilde Cherner, que se celebra por todo lo alto la boda de Leonor -hija del Clavero mayor- y de Ramiro -heredero de las Cuatro Torres-. Dos jóvenes que se aman por encima de las luchas de bandos que enfrentan a sus familias. Un amor imposible y con final sangriento, como no podía ser de otra forma en una época en la que desobediencias y traiciones se pagan con la vida. (La historia completa aquí)

El palacio de las cuatro torres se levanta al calor de la desaparecida iglesia de santa Eulalia, que ahora da nombre a la plazuela.

De esta iglesia no se sabe mucho. Que su fundación es tan antigua que se pierde en la niebla de los siglos. 

Sí se sabe que la iglesia de santa Eulalia albergaba en su interior algunas obras de mucho valor artístico. Citan un cuadro de Francisco Navarrete (el mudo)

El periódico La Provincia, con motivo del anuncio de una subasta en Francia de la colección de arte del mariscal Soult, denuncia que durante la invasión francesa nos expoliaron a los charros 985 cuadros. Y entre ellos éste de la iglesia de santa Eulalia. 

aquellos generales sacaron de esta ciudad hasta 985 cuadros,[...] en aquel número se contaban cuadros de Francisco Navarrete (el mudo), de Donoso, de Rivera y otros. Es digno de citarse uno bellísimo que existía en la iglesia de Santa Eulalia, no muy cuidado, a escasa luz, y que representaba a San Pedro saliendo de la cárcel. Obra maestra de Navarrete y verdadera joya de un mérito artístico inapreciable. Los expoliadores lo condujeron a Francia cuidadosamente envuelto en terciopelo para evitar el más leve deterioro. También se llevaron otros doce muy buenos del convento de San Francisco de Paula (pp.  Minimos) muchos de estos cuadros enriquecieron la colección del mariscal Soult, y serán de los que ahora se anuncian en venta. 

La iglesia de santa Eulalia, expoliada y cada vez más vieja, se cierra al culto por mal estado en 1889. Al año siguiente se declara en ruina. Cuenta la prensa histórica que a la sombra de sus maltrechos muros los niños jugaban al marro, al toro, a la chirumba.

La iglesia de santa Eulalia no se derriba hasta el año 1897. Una vez desaparecida, surge la plazuela.



Según la prensa histórica, a principios del XX “no tenía ni jardines, ni fuente ni nada.”

De ello se desprende que en algún momento posterior la plaza de santa Eulalia tuvo jardines y hasta fuente. 

El Fomento de Salamanca publica, en diciembre del año en que se derribó la iglesia, que el Ayuntamiento tiene intención de instalar allí una fuente. Es de suponer que lo hicieran...

Los jardines tardaron poco en llegar. Se pusieron en 1904. Da cuenta de ello un enfadado redactor de El Porvenir Periódico Republicano, quejándose de que los niños del colegio de san Casiano, ubicado en el número cuatro de esta plaza, pasaban el recreo en ella con serio peligro para los nuevos jardines:
Hace poco tiempo se han hecho plantaciones en la plaza de Santa Eulalia.
Como no se halla afirmado todavía el terreno removido para las hoyas, tienen allí los chiquillos […] parque de materiales para hacer el tránsito de las gentes pacíficas. […]
Esta mañana a las doce era un hormiguero de bebés aquello, pero de bebés tan mal educados, que no saben, o no les enseñan por lo visto otro sistema de solaz y esparcimiento más que el de lanzar piedras y abofetearse los unos a los otros.
Y deben inspirar muy poca confianza otros instintos menos humanos todavía de esos niñitos que pongan en riesgo los arbolitos, cuando a las horas de recreo y de salida de los colegios se ven por allí empleados del ramo de jardinería municipal que sin duda envía el señor Alcalde para relevar a los maestros, de cuidados que ellos solos debían tener.


El colegio de san Casiano, donde estudiaba esta chavalería aficionada a las pedradas y terror de los jardines, era un centro de primera enseñanza con clases para párvulos, enseñanza elemental y preparatorio de segunda enseñanza.

Antes de la plantación de los jardines, en el año 1900, El Noticiero Salmantino da cuenta de la existencia de puestos al aire libre instalados en la plaza de santa Eulalia: vendedoras de aves, de manzanas, de berzas...

En 1915 ya se empieza a trabajar en los planos para levantar en esta plaza un nuevo edificio de Correos que ocupó la plazuela hasta 1973.

Derribado Correos, vuelven los jardines.

Escudo conservado de la fachada del desaparecido edificio de Correos 
El palacio de las cuatro torres habrá visto desde la altura de su torre todas las transformaciones de la plazuela. Cómo se arruinaba la iglesia, cómo jugaban los niños, cómo gritaban su mercancía las vendedoras de aves, manzanas y berzas. Vería levantar el edificio de correos y entrar allí a la gente con cartas llenas de noticias, recuerdos, abrazos y besos. Y vería luego el edificio demolido y el regreso de los jardines sobre sus restos. 

El paso del tiempo y sus aires nuevos se cuelan también por las ventanas de palacio. Las cuatro torres deja de ser una casa de familia noble y se convierte en fábrica.  

En 1727 un capitán de caballos agregado al Estado Mayor de Salamanca, un tejedor y un tintorero se asocian para crear en el palacio una fábrica de paños.

En 1872 las Hermanitas de los pobres establecen en el palacio de las cuatro torres su asilo de ancianos. Antes de ser estas monjas las propietarias, el palacio perteneció al alcalde Tomás Sánchez Ventura. Según explica El Adelanto, el edificio termina quedando deshabitado y las Hermanitas de los pobres consiguen -en palabras del redactor de El Adelanto- "a fuerza de trabajos, de limosnas y de economías, instalarse en el palacio de las cuatro torres". Describen así el interior del edificio en 1910:
al traspasar el zaguán del asilo, nos encontramos con un patio, en cuyo centro se eleva una hornacina con una imagen de la Virgen. Antes se ve la portería y el recibidor. […] a la izquierda del patio está la cocina. […] En el primer piso (planta baja, que es lo que viene a ser), hay siete dormitorios de ancianos […] el pasillo de los dormitorios conduce a un jardín-huerta […] por unas escaleras que parten de la huerta se sube al piso alto. En este piso están instalados seis dormitorios de ancianas […] Los comedores están cada uno en su piso […] en el otro ala del edificio tienes las monjas sus modestas celdas […] Además hay enfermerías y capilla.
El palacio de las cuatro torres pasa luego a ser propiedad de las religiosas de María Inmaculada. Primero dedicadas a jóvenes empleadas en el servicio doméstico, y en la actualidad como residencia de jóvenes estudiantes.

En sus travesías de casa nobiliaria a fábrica de paños, de fábrica a asilo de ancianos, de asilo a residencia de jóvenes, este palacio perdió tres de las cuatro torres que le dieron nombre. Con las tres torres borrándose en el olvido hasta casi transformarse en torres de ficción, el palacio tuvo que cambiar de nombre. 



Hay quien dice que es la torre del Aire la que da nombre a la calle que discurre a sus pies. Sin embargo la prensa histórica del XIX da cuenta de sucesos —discusiones vecinales, peleas de novios, cambios domiciliarios, ventas de casas— acaecidos en la calle del Aire, cuando el palacio es unánimemente conocido como Palacio de las Cuatro Torres y nadie se refiere aún a la torre como Torre del Aire. Parece entonces más probable pensar que es la torre la que toma el nombre de la calle.

José María Quadrado en una guía de Salamanca, Ávila y Segovia de 1884, dice que nadie sabe de dónde le viene el nombre a la calle del Aire.

Es un misterio el origen del aire que bautizó a la calle y a la torre. 



La torre del Aire se alza hoy entre edificios recientes enarbolando sus aires antiguos. Recordándonos que el tiempo, el viento se llevó tres torres, una guerra de bandos, una iglesia, un edificio de correos, a las gentes y sus cartas, a las vendedoras de berzas y a los revoltosos niños del colegio de san Casiano. 

Desde su mirada sabia, de viajera del tiempo, la torre del aire nos habla de transformaciones, de aires nuevos. Quizá los que Torrente Ballester respira en los años setenta del siglo XX, cuando mira la torre desde su casa de la Gran Vía, y decide titular “Torre del Aire” a su columna en la prensa: 
Me gusta como título de estas notas, por lo que en ellas pueda haber -y habrá mucho- de voluntad frustrada, de querer también y no poder. Lo cual no me avergüenza ni me acompleja, porque no ignoro ya que existe siempre una distancia aún en los más eminentes casos, entre el propósito y la obra, entre lo que uno de verdad querría y lo que puede”. Torrente Ballester.
Quizá también de esto nos quiere hablar la torre. La distancia que separa los deseos de la realidad está llena de aire. Y aún así, por difícil, por imposible que sea hacer realidad un sueño, conviene respirar profundo, tirar por la calle del Aire, y volver a intentarlo.

BIBLIOGRAFÍA
  • Historia de Salamanca / M. Villar y Macías. [Salamanca] : [s.n.], 1887 (Salamanca : Imp. de Francisco Núñez Izquierdo
  • Salamanca y sus alrededores su pasado, su presente y su futuro. Toribio Andrés, Eleuterio. Salamanca : Talleres tipográficos "Cervantes" de Avelino Ortega, 1944
  • La casa y la vida en la antigua Salamanca. Ángel de Apraiz.   La Basílica Teresiana Tomo III Epoca Tercera Año IV Número 35-36 - 1917 mayo 1 
  • La torre del Clavel. Episodio de la guerra de los bandos de Salamanca. Rafael Luna (seudónimo de Matilde Cherner). La Mañana. Periódico Político y Literario abril y mayo de 1879
  • Salamanca, Ávila y Segovia Quadrado, José MaríaBarcelona : Daniel Cortezo y Cª, 1884 
  • El Fomento de Salamanca : diario de la tarde - 1897 diciembre 3
  • Metodología, valoración y criterios de intervención en la arquitectura fortificada de Castilla y León : catálogo de las provincias de León, Salamanca, Valladolid y Zamora / Fernado Cobos Guerra, Manuel Retuerce Velasco 
  • Hoja del lunes 29 septiembre 1975
  • Noticiero salmantino : diario imparcial de la tarde Año III Número 737 - 1900 marzo 30
  • La Provincia : revista salmantina Año I Número 7 - 1867 abril 4
  • El Salmantino : periódico semanal: Año Segunda Número VII - 1915 abril 22 
  • El Heraldo. Periódico político, religioso, literario e industrial. 21 de julio de 1853. Crónicas históricas de los principales monumentos de Salamanca. José Picon
  • El Salmantino : periódico semanal Año IX Número 2194 - 1917 octubre 13

Licencia Creative Commons Este obra de Laura Rivas Arranz está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.  

Comentarios

  1. Gracias por volver con otra nueva historia bien documentada, esperamos más cosillas curiosas que encuentres sobre esta ciudad, que de seguro, se podrán hallar en las marcas que dejaron en la historia local.
    No nos dejes tan abandonados ;)
    V.T

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    1. Gracias a ti por estar ahí y por los ánimos. A veces no se puede ahuyentar la sensacion de que un blog de internet en una gran locura en la que el autor no para de hablar sólo. Así que hace mucha ilusión saber que interesa el blog y que lo que está colgado por aqui encuentra a alguien al otro lado. Muchas gracias :)

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  2. Yo también tengo a veces esa sensación, Laura; pero no, somos muchos los que leemos pero están las prisas, la lectura alterna y descuidada, las muchas cosas por hacer y, al final, pocos comentamos. Pero aquí estamos. Sigue.

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    1. Hola, Inma!! Sí, las prisas, la falta de tiempo, las muchas cosas que hacer. Tienes mucha razón. Gracias por los ánimos y un besazo grande!! :)

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