Historias de la calle del Jesús

La calle del Jesús es empinada y estrecha, sombría y solitaria, y lo suficientemente retorcida como para impedir al que transita por ella predecir donde van a desembocar sus pasos. Según a qué horas, la calle del Jesús da un poco de miedo.

Eso mismo debió de pensar Espronceda, cuando decidió situar en esta calle la historia de terror que sucede en El estudiante de Salamanca



espronceda Retrato de Espronceda

O a lo mejor no pensó eso. Porque los entendidos afirman que cuando Espronceda cogió papel y pluma y se dispuso a bocetar la historia de un estudiante salmantino con alma de donjuan sin miedo, el escritor no conocía Salamanca.


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La historia oficial de la calle del Jesús nos cuenta que tiempo atrás se llamó calle del Ataúd. Había en ella una hornacina con un Cristo conocido como el Santo Cristo del Otero. Y en honor a ese Cristo se cambió el nombre de la vía y la llamaron calle del Otero. Finalmente se la empezó a llamar calle del Jesús.

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Si, como afirman los entendidos, Espronceda no había puesto un pie en la salmantina y empinada calle del Ataúd con su Cristo en la hornacina, alguien debió de hacerle una buena descripción de la calle, porque Espronceda sujeta la pluma y sin temblarle el pulso escribe:
 
Una calle estrecha y alta,
la calle del Ataúd
cual si de negro crespón
lóbrego eterno capuz
la vistiera, siempre oscura
y de noche sin más luz
que la lámpara que alumbra
una imagen de Jesús,

Y más adelante continúa:

Y con tranquila audacia se adelanta
por la calle fatal del Ataúd;
y ni medrosa aparición le espanta,
ni le turba la imagen de Jesús
La moribunda lámpara que ardía
trémula lanza su postrer fulgor,
y en honda oscuridad, noche sombría
la misteriosa calle encapotó.
 
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La historia oficial de la calle del Jesús cuenta poco más que el origen de su nombre. Pero la historia literaria de esta calle nos cuenta que una noche oscura del primer tercio del siglo XIX, un hombre embozado en una capa negra, Félix de Montemar, se adentra en nuestra calle del Jesús después de haber matado a un hombre y de engañar a una joven enamoradiza. La joven, al saber que su relación con Montemar no ha sido verdadera, ha contraído una irremediable locura que la ha arrastrado fatalmente a la muerte. 

Montemar camina por nuestra calle del Jesús seguro y sin el menor atisbo de remordimientos. En esta calle se le aparece un fantasma que le arrastra a una caminata sin sentido que saca a Félix de Montemar de nuestra calle del Jesús para introducirle en el laberinto de una ciudad desconocida, seguramente infernal, donde Montemar se encuentra con un entierro que resulta ser el suyo y el del hombre que acaba de matar.

Pero ¿por qué Espronceda quiso situar su historia en la ciudad del Tormes?

Para aventurar una respuesta a esa pregunta habría que remontarse a las fuentes de inspiración de Espronceda.

Los estudiosos apuntan que una posible fuente de inspiración de la historia de horror que vive Félix de Montemar es la biografía de don Miguel de Mañara, el español más aludido cuando se intenta encontrar un antecedente real a los múltiples donjuanes que pueblan la literatura.

Según sus biógrafos, Miguel de Mañara vivió una experiencia muy parecida al protagonista de Espronceda :

Francisco Guevara Vasconcelos lo explica así:
“Con motivo de salir Mañara de una casa donde tenía correspondencia, a deshora de la noche, encontró el dicho Venerable Siervo de Dios en la calle un entierro; y haciéndosele novedad de que le hubiere en aquella hora preguntó dicho venerable a uno de los que iban con él quién era el difunto y le respondió que Don Miguel de Mañara; de lo que resultó darle un accidente tal que recuperado se fue a su casa y entabló una vida ejemplar”.

Juan de Cárdenas lo cuenta así:
“Iba una noche por la calle del Ataúd de Sevilla, a una cita amorosa, cuando sintió un golpe tan fuerte en la cabeza que lo derribó en tierra, al propio tiempo que escuchó una voz que decía: ‘Ves el ataúd que ya está muerto’. Levantóse lleno de turbación y no se atrevió a seguir, regresando después a su casa, y después supo que le estaban esperando para darle muerte en la que iba a visitar”

A lo mejor es la mención a la calle del Ataúd sevillana lo que despista a algunos críticos y les hace sospechar que Espronceda alude a la calle del Ataúd de Sevilla y no a la salmantina.

Algunos críticos se resisten así a creer que la calle salmantina sea la puerta de entrada a ese entramado de calles diabólicas al que es arrastrado Félix de Montemar.  Y todo ello, a pesar de las similitudes entre nuestra antigua calle del Ataúd y la calle del Ataúd de Espronceda.

Argumentan que las descripciones que hace Espronceda de Salamanca no pasan del tópico, y que carecen del realismo que pudiera darles una pluma que se hubiera pateado el callejero charro. Como si el realismo fuera la principal preocupación que tuviera en mente el romántico Espronceda a la hora de escribir una historia de terror…

Para los que no les basta que la obra ya desde el título (El estudiante de Salamanca) localice la acción en Salamanca, y aún así insisten en afirmar que la calle del Ataúd de esta obra no es la de Salamanca, Espronceda nada dispuesto a permitir que le enmienden la plana insiste en la localización:
 
y cuando duda si duerme,
si tal vez sueña o está
loco, si es tanto prodigio,
tanto delirio verdad,
otra vez en Salamanca
súbito vuélvese a hallar,

Se inspirase o no Espronceda en la experiencia del sevillano Mañara, les gusten más o menos a los críticos las descripciones de Espronceda, y sean o no éstas fruto de una experiencia directa del autor o adquirida de segunda mano, lo cierto es que esas descripciones se refieren a Salamanca, y la calle del Ataúd con su empinada cuesta, y su Cristo coinciden con la calle salmantina.

Porque además, qué mejor ciudad y más apropiada que Salamanca; que ha presumido desde el Medievo de recibir periódicas visitas satánicas; que tiene la más famosa cueva diabólica, y algunos universitarios que no se llevan del todo mal con el demonio; qué mejor ciudad que ésta  para situar un remedo de don Miguel de Mañara que en lugar de arrepentirse y convertirse en santo, como el  Mañara real, sigue fiel a su vida desordenada, egoísta y libre (la libertad a la fuerza es egoísta). Aunque eso le cueste al personaje de Espronceda ser arrastrado a los infiernos por el diablo, que literariamente tiene una larga tradición de callejear por Salamanca.

A lo mejor fue toda esta tradición la que llevó a Espronceda a situar su historia en la ciudad del Tormes.

BIBLIOGRAFÍA
  • El estudiante de Salamanca. José Espronceda. Colección Averroes Consejería de Educación y Ciencia Junta de Andalucía
  • Miguel Mañara. Mito y realidad. Enrique MAPELLI LÓPEZ. Madrid.
  • Callejero Histórico Salmantino. Ignacio Carnero. Amarú Ediciones.
       

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