La Alamedilla, el parque que surgió de los escombros

En 1882 el Ayuntamiento adquiere lo que fue un campo de labor para convertirlo en jardín público. El terreno parece destinado a albergar los juegos de los salmantinos más pequeños, porque donde hoy está la Alamedilla existía una gran hondonada a la que desde siempre iban a jugar los chiquillos. Así lo recuerdan en el Adelanto del viernes 15 de julio de 1898:
En la grande hondonada que había en la antigua Alamedilla, y que recordarán los que no sean muy jóvenes, porque acaso de niños irían allí a solazarse con los corderos o a jugar los domingos a la lotería.
 El Ayuntamiento se encuentra por tanto con que ha adquirido un terreno en el que existe una hondonada de considerable extensión. Y, por si esto no fuera suficiente complicación urbanística, deben contar también con ciertas excavaciones añadidas que hubo que practicar en la zona para la realización del ferrocarril a Portugal. Así que lo primero que tiene que afrontar el Ayuntamiento es rellenar tan agujereado terreno.
El problema es que la hondonada escenario de juegos de los peques decimonónicos es demasiado grande, y el Ayuntamiento no parece hallar tierra suficiente para rellenarla. Se opta por ordenar que los escombros de diversos edificios derruidos vayan a parar a la hondonada.
Allanado de esta manera el terreno, el Ayuntamiento procede a embellecerlo con numerosas plantaciones entre las que diseña diversos paseos, un lago y una cascada artificiales. Ha nacido la Alamedilla y los salmantinos acuden a ella.

Alamedilla antigua
Postal Antigua. Jardines de la Alamedilla

Pero, ya sea porque los salmantinos tenemos cierta tendencia a protestar, o porque los jardines de la Alamedilla nacieron con algunas deficiencias, las quejas empiezan a amontonarse en la alcaldía.

El alumbrado eléctrico no llega a la Alamedilla hasta 1897 y cuando llega no es suficiente y se reclama una iluminación de más bujías.

Además, la flamante Alamedilla está en aquella época rodeada de carreteras por todos sus lados. La actual avenida de Mirat era una carretera que se bifurcaba en otras dos: el paseo del Rollo y el de la Estación. Los caballos que trotan arrastrando carruajes por esas carreteras junto al parque, levantan una polvareda tal que molesta el paseo de los salmantinos que frecuentan los jardines, y mancha además por completo los bancos que el Ayuntamiento ha distribuido por el parque dejándolos sin posibilidad de uso. Se solicita al Ayuntamiento que por lo menos riegue por las mañanas las carreteras circundantes.

plazuela alamedilla

Por estos motivos o porque a los salmantinos nos cuesta cambiar de costumbres, lo cierto es que el Ayuntamiento no consigue con la Alamedilla el éxito esperado. Con la construcción del nuevo parque las autoridades locales pretendían que el tradicional paseo que daban los salmantinos alrededor de su Plaza Mayor se trasladara a la Alamedilla; querían sacar el paseo de entre las cuatro paredes de la Plaza Mayor y oxigenarlo al sol entre los árboles de los nuevos jardines.

La construcción de la Alamedilla iba más allá de la mera incorporación de un parque a la fisonomía de la ciudad. Con la Alamedilla el Ayuntamiento había pretendido nada más y nada menos que modernizar la ciudad, desprovincializar la provincia, ventilar de cotilleos pueblerinos la saludable costumbre del paseo diario, ampliando los horizontes de los salmantinos con árboles, lagos y cascadas. La autoridad consistorial parecía convencida de que el cotilleo crecía con más naturalidad entre los pabellones de una Plaza Mayor, que bajo los árboles de un parque. Como si bajo los árboles del Bosque de Bolonia o de los Jardines de Luxemburgo, los sin duda nada provincianos parisienses no dieran rienda suelta al cotilleo con el mismo entusiasmo y fruición que los paseantes de una plaza mayor de provincias… 

Pero bueno, el Ayuntamiento de la época estaba convencido de la enorme fuerza renovadora que traería a Salamanca trasladar la costumbre del paseo de la Plaza Mayor a la Alamedilla. Y no repararon en esfuerzos.

La batalla duró hasta principios del siglo XX. El Adelanto en 1912 se hacía eco así de la reticencia de los salmantinos a pasear por la Alamedilla en lugar de la Plaza Mayor:
[…]los salmantinos no quieren más paseo que la plaza, y aunque se les trajesen los más hermosos paseos, no la abandonarían. La Alamedilla debe desaparecer porque allí se pasea cómodamente, sin necesidad de dar encontronazos al vecino, cosa que en otros sitios resulta muy agradable pero aquí es insoportable. Lo sabroso es rozarnos unos con otros como si nos fuéramos a sacar lustre.
Ganivet un escritorcillo, a quien se suele citar ahora con alguna frecuencia decía, “Siempre que un hombre se te acerca debes pensar: sin hombres se puede vivir y sin aire no.”
Aquí estamos por la otra teoría. Lo necesario para la vida no es el aire, sino los hombres y… las mujeres. Por eso no podemos soportar un paseo espacioso en que aún habiendo hombres, parece que no los hay.
El Ayuntamiento intentó atraer paseantes a la Alamedilla convirtiéndola en protagonista de las ferias de Septiembre. En la alamedilla se celebraron carreras de velocípedos, verbenas, desfiles de disfraces, fuegos artificiales. Aumentaron la iluminación del recinto y llenaron el lago de peces de colores. Actividades que eran todas un rotundo éxito, pero que no consiguieron robar muchos paseantes a la Plaza.

El consistorio, inasequible al desaliento, debió de pensar: si no conseguimos sacar a la gente de la Plaza Mayor y llevarla a la Alamedilla, llevemos a la Alamedilla una parte de la Plaza Mayor. Y trasladaron a la Alamedilla una farola de la Plaza, y el templete de hierro con los músicos que animaban los paseos de la Plaza Mayor, que empezaron a animar con sus conciertos el paseo de la Alamedilla.

Es curiosa una anécdota de la que deja constancia para la historia el periódico El Adelanto. Antiguamente existía un curioso “servicio de sillas” que el Ayuntamiento adjudicaba a los paseos públicos. En 1898 la subasta para adjudicar tal servicio en la Plaza Mayor quedó desierta y el alcalde ordenó al contratista que retirara las sillas de la Plaza Mayor. Y el periodista protesta así en su artículo:
El señor Alcalde en cumplimiento de un acuerdo municipal ha ordenado al contratista que retira las sillas de la Plaza Mayor
Ya lo saben los asiduos paseantes en ella. Sino [sic] se deciden a entrar por el aro y a ir a pasear en la Alamedilla, tendrán que soportar la fatiga, y no podrán ya formar aquellas alegres tertulias, que tanta animación daban a nuestra plaza en las noches de verano. O tendrán que traer a los criados con sillas cargadas de su casa.
Seguramente que no se resignará a ello y sobre el Ayuntamiento caerán pronto multitud de reclamaciones.
No son pocas tampoco las que se disponen a formular en regla los que no se avienen de buen grado con que prevalezca en el Concejo el propósito de los que quieren alejar de la Plaza Mayor a los paseantes, trasladando a la Alamedilla el templete de la música.
Bien está que los ediles procuren los mayores ingresos en el erario municipal, pero ni esto ha de lograrse por tales medios, ni mucho menos contrariando los gustos y aficiones del público.
Pero el golpe de gracia, o de desgracia, para la Alamedilla llega a principios del siglo XX. Empieza a correr como la pólvora en la prensa salmantina el rumor de que la Alamedilla es responsable de casos de Paludismo que se están dando en la ciudad. Incluso se convierte a la Alamedilla en un parque muy capaz de producir nada menos que Malaria entre los que se atrevan a desafiar el peligro adentrándose en sus paseos.

banco

La razón de un parque tan infeccioso no era otra que la gran hondonada que existió antes del parque y los escombros con los que se allanó el terreno. Se afirma que aquel relleno, a base de escombros revueltos con arena de cualquier parte, ha convertido el suelo del paseo en un “gran receptáculo de elementos insalubres, fermentaciones putrescibles y vapores nocivos, que con los importantes factores, calor y humedad, habían de constituir excelente cultivo para toda clase de microorganismos”. 

Es verdad que también se esgrime en contra de aquel argumento que la Plaza Mayor se había edificado sobre una alberca cuyo centro se había rellenado de materiales muy parecidos al relleno presuntamente insalubre de la Alamedilla. Y se afirma en los periódicos que:
La Alamedilla no es antihigiénico, y, que de serlo, todo el casco de Salamanca, con más razones, resultará una antesala del cementerio.
Algunos van más allá, y aplicando la máxima de o estás conmigo o contra mí defienden la Alamedilla atacando sin complejos a la Plaza Mayor:
Infecciones muchísimo más mortíferas y destructoras, como la engendrada por el bacilo de Eberth, el de Kock, el diftérico, y tantos otros que tan fatales trastornos causan en el organismo humano, y los cuales hállanse en gran número en parajes que tan poca relación y similitud guardan con la Alamedilla y fácilmente se le pueden imputar a la Plaza Mayor. 
Como no es muy recomendable hablar mal de la Plaza Mayor a un salmantino salvo que quieras enfrentarte a un charro cabreado, los salmantinos hicieron oídos sordos de aquel rifirrafe higiénico, y siguieron igual paseando a diario por su plaza y de vez en cuando ,sobre todo los domingos, por la Alamedilla.

Pero nada pudo evitar que la Alamedilla cogiera un poco de mala fama y con el tiempo cayera en el olvido incluso del ayuntamiento. El templete se iba deteriorando solitario y sin músicos entre los árboles, y acabó por llevarse de regreso a la Plaza Mayor. En 1912 el estanque se había secado, y entre el cieno correteaban los niños tirándose piedras, como un siglo antes habían correteado por la polémica hondonada antecesora del parque.

Pero con el paso de los años la Alamedilla volvió a animarse. Miguel de Unamuno la describe así:
Era domingo y me fui a mezclarme con el pueblo menestral y dominguero. Y a falta de campo más campesino, más rural, a la Alamedilla, muy modesto parquecito de la ciudad, entre carretera y una vía férrea. Lo más antiguo de él, unos viejos y venerables negrillos, entre los que cuando yo llegué acá –hace más de cuarenta años- mostraban un banco de piedra al que llamaban ‘del rector’. Luego arboleda reciente, algunos arriates de flores, estanquillos “grutescos” –con adornos de fingidos trozos de grutas- y en que se han ahogado unos cuantos pececillos municipales… Allí me encontré en medio de un público dominguero: soldados… criadas, parejas de obreros… y niños… Una atmósfera, un ámbito de contento… Al fondo, hacia el río, la catedral se dibujaba- se esmaltaba más bien- sobre encendidas nubes de ocaso, cual gigantescos pétalos de una gran rosa celestial que se deshojaba.
Hoy la Alamedilla es un parque pequeño por donde pasean los mayores, juegan los niños, y donde las parejas se sientan de la mano a contemplar el lago, desatendiendo cierto olor a abandono que alguna vez emana del estanque, y ajenos completamente a los escombros que se ocultan bajo el parque.

bancos

Hace unos cuantos años además de patos y ocas había varios cisnes en el estanque de la Alamedilla. Los pavos reales se paseaban por los jardines, y en las jaulas de los animales los niños salmantinos podían ver incluso cervatillos: ¡Mamá, vamos a ver los Bambis!
alamedilla ciervos Postal de los años sesenta donde se aprecia, a la orilla del largo de la Alamedilla, una escultura de unos ciervos, obra del escultor Agustín Casillas Osado.

Quizá un poco más de atención al parque de la Alamedilla por parte de las actuales autoridades locales no estaría de más.

BIBLIOGRAFÍA
  • El adelanto. Ediciones de los días 15 de julio de 1898, 9 de agosto de 1901, 2 de febrero de 1906, 31 de julio de 1908, 27 de julio de 1912,12 de agosto de 1915.
  • El Lábaro diario independiente 8 de febrero de 1899.
  • El Fomento. 1898
  • Salamanca la gran metáfora de Unamuno. Luciano González Egido. Ediciones Universidad de Salamanca. 1983.
       

      Comentarios

      1. Parece que el Ayuntamiento te ha escuchado. Excelente entrada, por cierto, me ha gustado mucho.

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      2. Gracias! Y bienvenid@ al blog!

        Y a ver si es verdad lo que dice el concejal de medio ambiente y cuidan un poquito más de la Alamedilla y de las demás zonas verdes de la ciudad, que encima que son pocas andan la que más y la que menos con el césped medio pelao.

        Saludos.

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      3. Genial.
        Un blog donde se hable de curiosidades, de Historias de Salamanca, es perfecto. Es difícil encontrar algo tan ameno e interesante.
        Felicidades.
        Jesús

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      4. Muchas gracias Jesus! Y bienvenido al blog.
        Creo que Salamanca, además de una ciudad es una especie de virus que se nos mete por dentro a los salmantinos y no podemos dejar de hablar de ella o de fotografiarla. Si ya lo decía Cervantes con aquello de que enhechiza...
        Saludos.

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