Salamanca desaparecida: El Gran Hotel


Hace unos días, caminando por la plaza del Poeta Iglesias, un hombre pasó a mi lado hablando por el móvil. Sin complejos, indicaba a su interlocutor que en ese momento él estaba pasando por el Gran Hotel.

El Gran Hotel nos lo derribaron en 2007, hace ya unos años aunque parezca que no, y sin embargo los salmantinos al pasar por Poeta Iglesias seguimos refiriéndonos al Gran Hotel, aunque ya no esté.

Seguramente por eso, los propietarios del nuevo edificio, construido sobre el solar de lo que fuera el hotel, decidieron bautizarlo “edificio Gran Hotel”. En un intento  de aliarse con la memoria colectiva de los salmantinos, y arrebatar para su edificio un cariño, una historia y una fama que no le corresponden.

Es posible que dentro de unos cuantos años consigan que el Gran Hotel  se convierta en el nombre hueco de un edificio de viviendas del centro. Pero por el momento, cuando los salmantinos pasamos por la plaza del Poeta Iglesias contemplamos el nuevo edificio con un punto de nostalgia.

El Gran Hotel se inauguró en mayo de 1930.


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El día 2, según algún periódico, y el día 1, según el libro Salamanca en la mano de Enrique Esperabé de Arteaga. Tardó muy poco en convertirse en símbolo de la modernidad. Por fin Salamanca tenía un hotel a lo grande. La plaza del Poeta Iglesias cogió tonalidad europea y los salmantinos se sintieron también un poquito europeos.

Según cuentas las crónicas, la apertura del hotel atrajo turistas que antes no se atrevían a venir porque desconfiaban de los alojamientos de la ciudad. Cuentan que a la puerta del Gran Hotel se veían con frecuencia coches de lujo.

Esos turistas de lujo, que venían a contemplar la vida provinciana (sea eso lo que sea) desenvolviéndose entre la monumentalidad de la ciudad, nada más traspasar la puerta de entrada del Gran Hotel se encontraban en el vestíbulo, descrito como muy amplio y suntuoso.


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A continuación del vestíbulo encontraban el Hall. Del que se escribió que era de “discretas dimensiones, aristocráticamente decorado con arcadas y hornacinas con lunas y con artísticos muebles que le dan un españolísimo ambiente que invita a tertulias de simpática intimidad”.

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Del Hall se pasaba al comedor “grandioso, señorial, alegre, como el de los mejores grandes hoteles; rico y severamente decorado también a la española con zócalo y columnas de nogal, lámparas y candelabros barrocos, y artística vidriera en las arcadas de sus amplios ventanales".

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Sobre esta planta baja, se levantaban tres pisos y un ático, con un total de 114 habitaciones. En el chaflán con vistas a la Plaza Mayor situaron las “suites regias”. Que por lo visto estaban “ricamente amuebladas y dotadas de magníficos cuartos de baño”. En todas las habitaciones de lujo los huéspedes podían disponer de un aparato de radio.

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En el ático, las terrazas eran muy amplias y desde allí se podía disfrutar una espectacular vista de la ciudad que, en aquellos tiempos de edificaciones no muy altas, alcanzaba hasta “el campo y las serranías salmantinas”. En verano, la terraza se convertía en escenario fiestas y verbenas.

No fue la terraza el único espacio del Gran Hotel que turistas y salmantinos pudieron disfrutar durante el buen tiempo. En la parte del edificio que daba a la calle san Justo, hubo en tiempos un jardín espacioso donde aliviarse del calor salmantino tomándose un refresco.


Alojarse en el Gran Hotel el año de su inauguración costaba nada más y nada menos que un mínimo de 10 pesetas, y a partir de ahí no sabemos cual sería el tope. Se puede comprobar en un anuncio del Gran Hotel publicado en el ABC, en la edición del día 25/5/1930.

Que la habitación más modesta del Gran Hotel valiera 10 pesetas no era precisamente barato, considerando que en aquella época un negocio que fuera viento en popa a toda vela podía generar un máximo de unas 8 pesetas al día, un abrigo de lana podía valer hasta 15 pesetas con 90 céntimos, una novela de Azorín, Superrealismo, novedad editorial del momento, valía 5 pesetas, y una casa en pleno Madrid unas 15000 pesetas (Ahí es nada, qué tiempos aquellos…)

En el Gran Hotel, pagando seguramente bastante más que esas 10 pesetas, se alojaron artistas, deportistas, toreros, reyes. Y procedentes del mundo de la ficción se alojaron también en el Gran Hotel algunos personajes de la escritora Carmen Martín Gaite.

Paseando por la plaza del Poeta Iglesias, es inevitable que los salmantinos todavía hoy nos preguntemos cómo es posible que tiraran abajo el Gran Hotel, una edificación que dio a Salamanca aires nuevos, que trajo los primeros soplos de modernidad a la ciudad, que aportó actividad cultural a Salamanca con sus exposiciones de cuadros, tertulias, y que se convirtió en referente social.

El 25 de febrero de 1935 Radio Salamanca se instaló en el ático del Gran Hotel, y desde allí empezó a lanzar su programación a la ciudad, a dar noticias, a divertir a los salmantinos. No es difícil imaginar la emoción en los ojos de los jóvenes salmantinos traspasando la puerta del Gran Hotel, y subiendo la escalera rumbo al ático a pedir las canciones que luego retransmitía la emisora en su espacio de canciones dedicadas.

Es imposible, todavía hoy, mirar el nuevo edificio en la plaza del poeta Iglesias y no ver el fantasma del Gran Hotel. Y a Orson Welles dentro fumándose un puro español en el vestíbulo; y a Ava Gardner en el Hall fumándose otro puro español (por qué no, pues menuda era la Gardner); y a la siempre elegantísima Audrey Hepburn observando Salamanca entre los visillos de la suite regia mientras su marido,  Mel Ferrer, rodaba El señor de Lasalle. (Se rumorea que la Hepburn se quedó en el Gran Hotel sin salir a visitar Salamanca. Cosas de actrices. Aunque a lo mejor ésa fue sólo la versión oficial, y mientras todos creían que la princesa de Hollywood dormía en la suite regia de nuestro hotel, quizá ella se escapara a vivir unas vacaciones en Roma la chica. Por qué no.)

No nos han conservado ni la fachada de estas historias. Ya sólo podemos mirar con un punto de enojo el nuevo edificio, y coger a Orson Welles, a Ava Gardner, a Audrey Hepburn, a la jovencita que subía a pedir canciones a la Radio, a los reyes, a los toreros, a los turistas de más o menos lujo, a los artistas, a los salmantinos que celebraron guateques modernos en la terraza y tomaron refrescos modernos en el jardín, a los personajes de Martín Gaite, cogerlos a todos y cobijarlos en un hotel fantasma que seguiremos invocando muchos años, mientras podamos neutralizar el Alzheimer forzoso al que nos quieren condenar los intereses urbanísticos de algunos, y el desinterés histórico de la clase política.

AGRADECIMIENTOS
A RIGOARKA que amablemente ha accedido a que se publiquen aquí las postales antiguas del Gran Hotel, que pueden adquirirse en su tienda de todo colección
BIBLIOGRAFÍA
  • Salamanca en la mano: noticias histórico-descriptivas acerca de la ciudad y sus monumentos, usos y costumbres. Enrique Esperabé de Arteaga. Salamanca. Librería Núñez. 1930
  • Periódico ABC varias ediciones del año 1930
  • Periódico La Vanguardia. varias ediciones del año 1930. 

Comentarios

  1. Es muy interesante todo lo que has escrito, me gusta, me gusta.
    unsaludo y te sigo para estar pendiente de tus escritos.

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    1. ¡Muchas gracias, AnaMari! Y ¡bienvenida! Es que Salamanca es una ciudad muy interesante. Casi en cualquier rincón que se mire hay una historia.

      ¡Un saludo!

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  2. Ya es de mucho más tarde, pero en la esquina del lado del Mercado había en los años setenta un buen bar. El sitio típico para tomarte un rioja con panchitos en lugar. O un Torres 5 si era después de comer.

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    1. Gracias por la aportación. Así, poco a poco entre todos vamos recuperando un poco de la Salamanca de antes para que no desaparezca, como dices en tu blog. ¡Saludos!

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  3. Cuenta la leyenda que también Olivia de Havilland estuvo nueve días en la capital charra sin dejar el Hotel Monterrey más que para encarnar a 'La princesa de Éboli' (1954).

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  4. Pues nada, la Havilland otra que parece que tuvo miedo de que una pandilla de fans charros se le echara encima en cuanto sacara las narices del hotel... ¡Muchas gracias por la aportación! Saludos

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